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Sólo si se alimentan correctamente los huesos desde niños, que es cuando están en pleno desarrollo, se evitarán fracturas y enfermedades de adulto. Pero ¿qué comen los huesos? Se lo contamos.
La Fundación Hispana de Osteoporosis y Enfermedades Metabólicas Óseas (Fhoemo) ha detectado que el 60 por ciento de los niños españoles tiene déficit de vitamina D y tan sólo el diez por ciento de las niñas toma la cantidad correcta de calcio diaria para tener unos huesos sanos y fuertes para el futuro. Por ello está llevando a cabo una campaña con el objetivo de concienciar a la población sobre la importancia de una correcta formación de la masa ósea en la infancia –periodo crucial para el desarrollo de los huesos, ya que en este momento de la vida se forma más del 90 por ciento de la masa ósea que tendrá de adulto– para evitar problemas de osteoporosis en la madurez.
Los datos presentados sobre la salud ósea infantil actual ponen de manifiesto la severa deficiencia de calcio y vitamina D entre los niños españoles, que se sitúan a la cola de los europeos, cuando estos dos elementos son clave en el desarrollo de los huesos y cruciales en la prevención de fracturas y enfermedades.
Entre los motivos que provocan este déficit figuran la vida sedentaria, la mala alimentación y las pocas actividades al aire libre. ¿Cómo mejorar esta situación? La ingesta de productos lácteos, como yogures, leche y queso, y la práctica de alguna actividad física –más deporte y menos videojuegos, recomienda la Academia Americana de Pediatría– mejoran los niveles de calcio y, en parte, la salud ósea. Para suplir la falta de vitamina D, la solución es un poco más compleja, ya que este elemento se sintetiza con la exposición solar y, además, está presente en muy pocos alimentos de la dieta, como ciertos pescados azules. Por ello, lo que desde Fhoemo y con la campaña se pretende es impulsar la ingesta de alimentos lácteos enriquecidos con vitamina D.
Los huesos son tejidos vivos, metabólicamente activos, y su correcto desarrollo y renovación a lo largo de la vida depende de muchos factores. La osteoporosis, que se caracteriza porque el ritmo de destrucción del hueso es más rápido que el de formación con el consiguiente incremento del riesgo de fracturas, es un fenómeno relativamente común, especialmente en las mujeres tras la menopausia. En España, su incidencia es de cinco personas por cada cien, siendo cuatro veces más frecuente en la mujer que en el hombre, y se cifra que entre mujeres mayores de 50 años supera el 30 por ciento.
El tratamiento orientado a retrasar la destrucción del hueso (que se plasma en la disminución de la densidad mineral ósea) ha demostrado ser más efectivo que el destinado a aumentar el proceso de remineralización. Esto significa que hay que aplicarse en la prevención.
El uso de unos compuestos, los bifosfonatos, junto con suplementos de calcio se está generalizando por sus buenos resultados como inhibidores de la destrucción ósea. Sin embargo, todavía hay pocos datos sobre la conveniencia o no de mantener de forma indefinida el tratamiento. Ahora llegan los primeros datos sobre el efecto de la interrupción del mismo a los cinco años de su inicio en el caso del ácido alendrónico, un potente bifosfonato. Y las noticias son buenas, en el sentido de que en la mayor parte de los casos, la interrupción no desemboca en un mayor riesgo de fractura. El efecto del medicamento se mantiene, aunque se deje de tomar.
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